Ya viene, sigilosamente, sabedor de que no gusta a muchos; por eso, entra poco a poco, sin hacer ruido, con premeditada nocturnidad y descarada alevosía; intruso obligado en una fiesta de la que no ha recibido invitación sellada en sobre perfumado; nadie le podrá prohibir que coja un montadito de salmón y una copita de cava, porque ya ha entrado y los porteros no han podido pararle.
Abríguense, abróchense los cinturones de sus abrigos y disfruten de sus sólidas lágrimas y sus gélidos abrazos. Otros, pediremos desde lo más alto de las montañas para que nos deje disfrutar de él; abrigados también, claro.
Abríguense, abróchense los cinturones de sus abrigos y disfruten de sus sólidas lágrimas y sus gélidos abrazos. Otros, pediremos desde lo más alto de las montañas para que nos deje disfrutar de él; abrigados también, claro.

